CUENTO DEL GUARDIÁN QUE NO QUERÍA VER

Sin título

Una bonita ciudad del sur de España, donde la gente era alegre porque el sol y el aire del mar inundaba sus vidas, pero todos estaban preocupados pues no tenían en qué trabajar. Un día uno de los ciudadanos decidió que no iba a seguir siendo pobre así que decidió violar una ley que para el resto de ciudadanos era sagrada. Se fue a un lugar apartado de la ciudad y compró un trozo de tierra donde siempre se había cultivado. Allí había plantas especiales que no podían cortarse porque eran propias de otros países y éstas eran las únicas que crecían fuera de aquellos lugares, así que habían conseguido vivir como una más entre otras plantas y flores de la bonita ciudad y si se arrancaban podían desaparecer para siempre. El ciudadano llegó un día, decidido a no pasar más miseria, y aplastó el suelo con máquinas enormes y ruidosas y comenzó a poner murallas al campo y donde antes había árboles y plantas especiales emergió el cemento como si fuera la lava de un volcán, derramándose por todo el suelo. Para hacer los caminos trajo escombros de otros lugares y los tiró en el suelo para que otras máquinas siguieran cambiando la tierra por cemento. Muchos animales murieron porque ya no tenían dónde comer y las plantas y los árboles quedaron encerrados en las murallas, así que ya no se podían ver y ni siquiera se sabía si las plantas especiales seguían vivas o si se habían arrancado a pesar de que eran una especie protegida.

Pero el ciudadano pensó que ya no era suficiente dejar de tener miseria, sino que podía hacerse rico y la codicia se apoderó de él así que se propuso construir un reino dentro de sus murallas. Para ello dividiría su tierra en varios trozos que también serían amurallados y los vendería a otras personas que quisieran violar la ley sagrada a cambio de un precio. Pensó que él sería el rey y el resto de ciudadanos serían sus príncipes. Al poco tiempo otros ciudadanos comenzaron a comprar porque tenían dinero y siguieron construyendo sus casas, sus piscinas y todo lo que tuvieron por conveniente. Sin embargo hubo un príncipe que se dio cuenta de cómo el rey se hizo rico y pensó que si él le había comprado su principado por 10.000 € y lo vendía por 50.000€ podría hacerse rico igual que su rey, así que lo puso en venta.

Ocurrió entonces que los ciudadanos de la bonita ciudad acudieron a su dirigente para avisar de que la ley sagrada se había violado, creyendo éstos que al encontrarse el campo amurallado en una zona lejana su dirigente no lo había visto. Cuando el dirigente se enteró de que otro ciudadano se estaba haciendo rico violando la norma sagrada tomó la decisión de no permitirlo y dijo solemnemente que dejaría el campo otra vez como estaba, sin murallas, sin caminos….pero el tiempo pasaba y como no hizo nada por impedirlo cada vez había más casas y ya no se veía la tierra porque todo era cemento gris, así el dirigente estaba contribuyendo a que los príncipes ganaran dinero violando la norma sagrada….

Nuestro cuento no tiene un final feliz, sino todo lo contrario, la inactividad y tolerancia del Ayuntamiento está propiciando una especulación inmobiliaria atroz. Pero la pregunta es ¿por qué el Ayuntamiento no persigue la violación de las normas cuando se ha comprometido formalmente? ¿Acaso no nos repugna la idea de que la policía “mire para otro lado” cuando se está cometiendo un delito y puede evitarlo? Pues la cuestión radica precisamente en “poder evitar”, porque las normas se violan a diario pero la tolerancia hacia esos comportamientos de las personas que tienen la facultad y la obligación legal de evitarlo y no lo hacen, les convierte en los mayores responsables. En estos días oíamos una noticia sobre la detención de una persona porque expulsó por la fuerza a otra de su domicilio, a la que popularmente conocemos como “ocupa” y la razón es que no se puede ejercer un derecho propio con violencia, por tanto, si yo no puedo actuar con violencia para ejercer mis derechos y la autoridad competente, en este caso el Ayuntamiento, no lo hace ¿cómo se restablecen las normas infringidas? Si ya es preocupante que no se adopten las medidas legales a las que el Ayuntamiento está obligado, mucho más preocupante resulta que alguien se esté enriqueciendo vilmente a costa del incumplimiento de las leyes y de la inactividad del Ayuntamiento. Llevamos ya muchos años de crisis y el origen de la misma se ha situado con frecuencia en la “burbuja inmobiliaria”, en la “especulación inmobiliaria” y parece como si nosotros no fuéramos capaces de generar este tipo de situaciones, pero la especulación inmobiliaria en Jerez se vuelve a producir cuando parcelas ilegales con construcciones más ilegales aún si cabe, se venden por el precio de un piso en plena ciudad con todos los permisos y licencias otorgadas. ¿A qué espera nuestro Ayuntamiento para dar cumplimiento a las normas si conoce sobradamente que el incumplimiento legal se está produciendo y así lo certifica?

…Y cuando el rey hubo vendido los principados, se fue a otro lugar cercano del anterior, a comprar otro trozo de tierra para fundar un nuevo reino ilegal….

Cristina Acevedo

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